martes, 16 de febrero de 2016

¿Tiene pulso España?

Sería más correcto formular la pregunta: '¿Le queda pulso a España?'. Es bastante obvio que hasta los más pequeños -los adolescentes podríamos incluirnos en dicho grupo, realmente, ya que estamos ganando aún conocimientos, y más sobre política- nos damos cuenta de que el pulso del país está desapareciendo, metafóricamente. Una crisis que nos persigue desde hace años -2008, concretando- se cierne sobre nosotros como la neblina oscura que no te deja ver por las mañanas.






Podríamos sentirnos directamente afectados. En parte, lo estamos; nuestros padres están sufriendo este robo nacional, este voto de confianza que depositaron en vano a una persona que prometió sacar adelante nuestro país, y que colaborando con algunos amigos ha conseguido el efecto contrario. 

Somos jóvenes, un puñado de críos que está empezando a comprender lo que la palabra crisis conlleva. Yo misma nunca he mostrado especial interés por el tema. Pero cuando la situación se te planta en las narices, abres los ojos. Te cabreas. Te das cuenta de apenas puedes hacer para ayudar a tu país a dar pasos hacia delante en lugar de hacia atrás.


Volviendo al año aproximado del comienzo. Desde dicha fecha, la población está de capa caída. Delitos y corrupciones bombardean nuestras televisiones, periódicos... cada día. Cada día, también, escucho a mis padres suspirar resignados frente al informativo maldiciendo, probablemente, al personaje que nos honra con su presencia frente al juzgado, acusado de cometer algún delito. A estas alturas ni nos fijamos en la cifra que nos ha quitado. Es irónico pensar que pagamos religiosamente lo que debemos trabajando sin ayuda de nadie y como recompensa obtenemos que los 'jefes' vienen a quitarnos lo que hemos conseguido. Es muy fácil dejar que un puñado de inocentes trabajen para ti y tú llevarte los beneficios, ¿verdad?


No es solo resignación lo que percibimos, sino también pasotismo. De alguna forma da la impresión de que la mayoría ya ha aceptado la situación en la que nos encontramos y ha declarado que no tenemos más que decir. Bien, dejemos que nos sigan engañando como si fuésemos un niño de dos años al que puedes darle un caramelo y todo hará por ti. 

Estamos subidos en un titanic, nosotros 'pobres' ciudadanos, y el barco que es España se hunde con nosotros en quién sabe donde. En terror. En algo que estoy segura nadie querrá ver ni sufrir. Pero la sencillez de decir 'no voy a hacerlo yo, si ya va a hacerlo otro' nos atrae demasiado como para comprometernos.


''Política: rama de la moral que se ocupa de la actividad, en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por personas libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Es un quehacer ordenado al bien común.''

Acorde con esto, no parece que haya muchos políticos que lo cumplan. Ellos, que están quitando nuestro dinero y fingiendo hacer algo con él, algo que nos empujará fuera del túnel, pero nos sentimos aún dentro. Sin luz y con un refugio provisional.

No podemos pretender que nos solucionen las cosas así como no podemos esperar que venga el listo de turno a hacernos el trabajo. Básicamente porque nadie lo va a hacer. Puede que no tengamos mucha voz ni voto para detener a nuestros amigos los políticos que no hacen su trabajo, pero somos una democracia. Un trabajo en grupo creará una mejora nacional.  El materialismo nos ha consumido y apenas vemos el final, cubierto por egoísmo e hipocresía.


Cuanto más tardemos en cambiar el rumbo del barco donde navegamos ya casi a la deriva, más preocupante se hará la situación, y ya nadie querrá mover un dedo por el apagado país en el que habita. No es necesario que se hunda un segundo titanic, una catástrofe fue suficiente.

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